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Publicado: 26/03/17

El Señor de Milán (parte II)

Segunda y última entrega del reportaje de Matt McGinn para la web thegentlemanultra.com, perteneciente a the Guardian Sport Network.

Gárgolas de mármol en el Duomo di Milano. Un número increíble de turistas con self-stick y palomas son residentes permanentes de la plaza en frente del Duomo. La catedral es una estructura majestuosa. Esta es la iglesia más grande de Italia. El comienzo de su construcción en 579 coincidió con la llegada al poder de Gian Galeazzo Visconti, que aparece en la placa conmemorativa en la pared de la catedral como “El Señor de Milán”. Él intentó crear una estructura icónica, y ordenó que la catedral se hiciera frente con el mármol, apenas como en el estilo arquitectónico moderno de Francia.

Es fácil trazar líneas paralelas entre estas dos personas, con el título de “El Señor de Milán”, Kilpin y Visconti. Los enormes y gruesos bases de hormigón del San Siro le dan la apariencia de un vehículo que aterrizó de un planeta diferente. Ambos crearon algo sólido y llamativo. Kilpin falleció mucho antes de la construcción del San Siro, pero éste es indudablemente su legado.

Después que Kilpin dejó Nottingham en 1891, se estableció en Turín. Edoardo Bosio, quien fue que atrajo a Kilpin hacia Italia, creó su propia fábrica textil en Piamonte. La experiencia de Kilpin fue muy valiosa en el rápido desarrollo de la industrialización en el norte de Italia. Durante su estancia en Nottingham, Bosio fue muy atraído por un nuevo juego para él llamado “football”, y decidió transportar este juego a su tierra natal. Después de regresar de Inglaterra, supuestamente con una pelota debajo del brazo, Bosio forma el Internazionale Torino, el primer club en la península. Kilpin y Bosio jugaron juntos durante varios años: un maestro inglés con un estudiante italiano. Al mismo tiempo, Herbert se convirtió en el primer inglés que no jugó para un equipo de su país, o simplemente un legionario.

Kilpin se trasladó a Milán en 1897, pero siguió viajando a Turín para los partidos de fútbol los fines de semana, y ya estaba empezando a reflexionar sobre el plan de crear un club en la ciudad que lo recibió.

El 16 de diciembre de 1899 fue fundado  el “Football and Cricket Club Milan” en la habitación del hotel de lujo Du Nord et des Anglais. Kilpin invitó al vicecónsul de Milán, Alfred Edwards, al puesto de primer presidente del club. Kilpin admitió que necesitaba los lazos políticos internacionales de Alfred. Aunque Kilpin era el jugador más experimentado del equipo, nombró capitán del a David Ellison. Herbert no reconoció su posición oficial en Milán, pero en realidad siguió arrastrando las obligaciones del fundador.

Estamos en el asombroso cuartel general del Milan en el norte de la ciudad, Casa Milan. Este palacio crece desde el suelo, desde el vidrio y el metal. Y absorbemos los rayos del sol de invierno frente a él.

“¿Kilpin?”, pregunta una voz fuertemente acentuada.

Luigi La Rocca nos recibe con un cálido apretón de manos, y una sonrisa se extiende bajo su grueso bigote. Luigi se dedica al reconocimiento póstumo de los restos de Herbert Kilpin. En 1998, encontró la tumba sin marcar de Kilpin en Cimitero Maggiore Musocco, en un vasto cementerio al noroeste de Milán. Él estaba en una sección reservada para protestantes, grabada equivocadamente como Alberto Kilpin, una versión italiana de su nombre.

“Sólo había una caja pequeña, sin nombre. Sólo el número “, dice Luigi – “Yo esperaba encontrar algo del Milan en la tumba, pero no pasó nada. Algunos huesos. Fue un momento increíblemente emocional para mí, toqué al fundador del Milan, y yo recordaré esto por el resto de mi vida”.

Después de estos descubrimientos, Luigi presionó a Milán para mover los restos de Kilpin a un lugar digno de su estatus. Lo consiguió.

Vamos al nuevo lugar de sepulcro con Luigi. Kilpin ocupa un lugar modesto en un magnífico edificio. El cementerio monumental fue originalmente diseñado como una iglesia, y, en consecuencia, sorprendente. Ahora es una tumba para las figuras milanesas más famosas. La tumba de Kilpin está en un nicho, a medio camino por el largo pasillo. En el interior es tranquilo, sólo un ruido monótono de iluminación eléctrica y un fuerte eco de nuestros propios pasos. La cripta es lo suficientemente pequeña, no más que una caja de zapatos. Sin embargo, atrae mucha atención de los visitantes. El rojo marchito se eleva en los brazos de una bufanda del club. Alguien puso un pedazo de papel en la grieta entre la olla y la tumba, sobre ella la frase para Kilpin, escrita en tinta negra:

“Nuestras flores serán rojas, porque somos diablos, y negras, lo que significa, que vamos a infundir miedo en el corazón de nuestros oponentes”.

La leyenda dice que esto es una cita de Kilpin al elegir los colores del club con los cuales el nuevo club jugaría.

James y Simon leyeron los mensajes dejados por los milanistas incluso de lugares tan lejanos como Rusia.

El silencio es violado por Luigi:

“No me gusta este lugar. Personalmente, yo prefiero otra tumba”.                                                           

Luigi rompe el silencio, “No me gusta este lugar personalmente, prefiero otra tumba.” Cambiamos miradas de sorpresa mientras Luigi nos conduce de vuelta por el pasillo. Él camina un corto tramo de escalones en el Famedio, el Templo de la Fama. Es la pieza central del cementerio, un paseo por la historia cultural de Milán. Los grandes y buenos de la ciudad descansan bajo un extravagante techo abovedado. Es un rico tono de azul y tachonado con cristales. La tumba de Giuseppe Meazza está en una cripta contigua. El nombre oficial de San Siro es “Stadio Giuseppe Meazza”, un homenaje a un jugador que representó a Milán e Inter, y Vittorio Pozzo del equipo dominante de Italia de la década de 1930.

“Espero que algún día lo mueva aquí”, explica Luigi. “Pero es difícil. No por dinero, es una decisión política”.

Rompe en medio de la frase:

“¡Y ahora, es mi obra maestra!” – exclama Luigi con una amplia sonrisa.

En Famedio, en la pared cuelgan tres placas de mármol con los nombres de ciudadanos famosos en la historia de la nación. Kilpin entre ellos. Luigi se ríe, orgulloso de su logro.

Bajamos las escaleras con Famedio, y le pregunto a Luigi qué piensa la mayoría de los fanáticos del Milan sobre Kilpin.

“Ahh, los fans jóvenes no saben quién era Herbert Kilpin, pero sin él… no existiese el Milan”.

Recogió un “vaso” para encender un cigarrillo. Estaba listo para encenderlo, pero sigue diciendo:

“Los jóvenes aficionados ya ni siquiera conocen a Franco Baresi. No les interesa la historia”.

“La imagen del lugar de Herbert en el Milan moderno se hizo evidente. Hay cada vez menos fans que honran su memoria. Para la mayoría, él es apenas una cara en la bandera, que vuela a veces en los soportes del San Siro”.

Había otro lugar que Luigi quería enseñarnos. El castillo medieval es la principal atracción en Parco Sempione, cinco minutos en coche al sur del cementerio. También alberga la Arena Civica, descubierta por Napoleón en 1807, al estilo de un anfiteatro romano. Luigi negocia con el guardia, y nos deja entrar al campo.

“Kilpin jugó en esta tierra … jugó al fútbol y bebió whisky”, – explica Luigi.

“Es increíble”, dice Simon. – No parece que este es un campo para el fútbol.

Sólo un banquillo de fibra de vidrio para el cuerpo técnico nos dice que estamos en el siglo XXI. Dos hombres se colocan en el centro del campo. Uno de ellos tiene una bolsa de piel de cocodrilo en el hombro, con un logo del Brera. El Arena Civica es ahora el escenario local para el club de la liga regional Eccellenza, FC Brera, el nombre del famoso periodista italiano Gianni Brera.

La Arena fue una vez fue inundada y se utilizó para recrear una batalla naval. En julio de 1986, Silvio Berlusconi coreografió un espectáculo igualmente extravagante. Tres helicópteros negros se agitaron sobre el campo mientras el Paseo de los Valkirias de Wagner reverberaba a través de los altavoces. Uno por uno, la escuadra de Milán entró en el terreno de juego. El último hombre que emergió fue Berlusconi. Fue un acto de Berlusconi inspirado por Apocalypse Now, que intentó inaugurar su propiedad del Milan con una declaración decadente.

Hay una dicotomía entre la decadencia sin vergüenza de Berlusconi y la percibida salubridad de la era de Kilpin del fútbol caballeroso. Un pequeño grupo de aficionados está muy consciente de esto y Kilpin se ha convertido en una figura anti-Berlusconi para ellos. Ocupa un espacio simbólico y nostálgico que crece en paralelo con el mercantilismo en el fútbol.

En 2005, una agrupación separada, llamada “La Banda Casciavít – Herbert Kilpin Firm”, surgió de varios grupos dentro de la Curva Sud. Se trata de difundir la historia de Herbert Kilpin y su Milan. A menudo muestran una pancarta en el San Siro, es una caricatura de un campeón de bigote, cuya memoria ellos aprecian. El grupo emitió una declaración de demostración en 2006, con ocasión del 90 aniversario de la muerte de Kilpin. Protestaron a la dirigencia del Milan por estar “más atentos a la celebración del 20 aniversario de la administración del presidente que al centenario de la fundación del club o de sus figuras históricas”.

Este grupo, cuyo nombre, por cierto, se traduce como “Screwdriver Team”, enfatizó que “el club no se formó en 1986, sino un poco antes, en 1899”. El grupo se declaró “cansado del fútbol moderno, que está dominado por los negocios y el dinero, y la historia y el origen se olvidan”.

Esta es una paradoja interesante. Los aficionados, decepcionados de su club, encuentran consuelo en su fundador. Tal vez su veneración por Kilpin es un intento de llegar al corazón del fútbol; Reacción al sentimiento de separación de su forma actual. Después de todo, el fútbol de “ayer”, por su espíritu,  a menudo se considera mejor que el de “mañana”.

Kilpin jugó su partido final para el Milan en 1908. Colgó sus botas después de 23 apariciones, siete goles y tres campeonatos. Sin embargo, las grietas estaban apareciendo en su creación. Ese mismo año, la Federación Italiana de Fútbol prohibió a los jugadores extranjeros y se formó un cisma dentro del club. Esta decisión fue el resultado de un choque entre los clubes que trataron de enfatizar la identidad italiana del fútbol, ​​y los clubes que adoptaron las tradiciones inglesas. Una parte de los jugadores extranjeros se dividió y formó el Internazionale.

Kilpin se deslizó en la oscuridad. Se había casado con una italiana, María Capúa, en 1905, pero no tuvieron hijos. Él, muy duro experimentó luchas internas en el equipo, pero siguió apoyando el rojo-negro. Obituarios descubiertos por Robert Nieri retratan a Kilpin como un retirado introvertido, Vio los partidos de Milán solos, con las manos metidas en los bolsillos. Parecía estar en su propio mundo.

Murió en octubre de 1916, a la edad de 46 años. Es probable que su afición por el whisky y los cigarrillos causaron su muerte, pero es difícil decir con certeza. Los homenajes a Kilpin fueron generosos. “Un nombre mágico”, arrojó Lo Sport Illustrato, “un nombre que encapsula la historia del fútbol”. La Gazzetta dello Sport declaró que “el pionero de la pelota italiana ha muerto”.

El resplandor de farolas se refleja en el canal Naviglio Grande en nuestra última noche en Milán. Naviglio Grande es uno de los pocos canales restantes en Milán. Mussolini convirtió a la mayoría en carreteras como parte de su programa de modernización. Los tres nos instalamos en un bar para discutir el viaje. En los altavoces suena David Bowie.

En 2013, Curva Sud, la fanaticada de apoyo más apasionada de Milán, realizó una coreografía grandiosa con la cara de Kilpin antes del partido contra el Barcelona en la Liga de Campeones. La frase “La Storia Siamo Noi” (“Nosotros somos la historia”) la acompañó. La imagen exagera la importancia de Kilpin para los aficionados de los rossoneri. No es una figura notable en Milán.

Me preguntaba si esto había sorprendido a James y a Simon.

“No conozco la importancia nacional de esto”, dice Simon. – “Luigi y lo Curva Sud lo ven como el padre del fútbol italiano. Es una deuda de gratitud para Kilpin, el fútbol de Italia se hace exactamente en este país”.

“Es algo de lo que esperaba”, responde James, “aunque no esperaba que todos supieran quién era, eso no es realista”.

Los hermanos sienten su propia deuda de gratitud con Luigi La Rocca.

“Es increíble ver que Luigi lo toma como su proyecto favorito. Ve algo, va y dice ‘bueno, eso no está bien’, y luego no se detiene hasta que vea las cosas como cuando una injusticia es derrotada”.

James asienta de acuerdo con su hermano mayor:

“La diferencia entre una tumba sin marcar y ahora, es que hay un lugar donde la gente puede dejar pegatinas, tarjetas y bufandas, es increíble”. Se detiene para pensar. “Luigi siente que tiene el pie en la puerta, pero ahora puede hacer más. Quiere que Herbert tenga un lugar entre los grandes deportistas”.

En Milán, la historia de Kilpin sigue fluyendo bajo tierra, como la red de canales que alguna vez navegaron bajo Venecia. Sin embargo, está ganando impulso con un pequeño grupo de partidiarios dedicados. Luigi está comprometido con el reconocimiento universal: Él está haciendo campaña para mover Kilpin al Famedio, junto a Giuseppe Meazza, físicamente y simbólicamente. En Nottingham, Robert Nieri quiere proyectar la historia de Kilpin en la pantalla del cine. Él ha enviado una copia del libro a Danny Boyle, aunque más en esperanza que en expectativa.

Esta historia trata sobre los lazos familiares. Un pequeño grupo de entusiastas dio una calurosa bienvenida a James y Simon. Ellos estaban felices de compartir sus conocimientos. El fútbol puede mostrar tanto las peores cualidades de las personas, como las mejores. Visitamos el museo del Club el día antes de irnos, que coincidió con la víspera del cumpleaños 147 años de Kilpin. Marco Amato, impecablemente vestido con una chaqueta de tweed y una delgada corbata roja, nos dio un recorrido por el museo. Luego, se despidió de los hermanos Kilpin:

“Espero verlos de nuevo aquí, esta es su casa!”.

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Publicado: 25/03/17

El Señor de Milán (parte I)

Reportaje escrito por Matt McGinn para la web thegentlemanultra.com, perteneciente a the Guardian Sport Network, que explora junto a familiares del fundador del Milan, sus orígenes, su recorrido desde Nothingham a Milán y la concepción de un sueño hecho realidad llamado AC Milan. Interesante material que trata de incentivar en la cultura milanista el conocimiento acerca de la vida del ya histórico y legendario fundador del Club. Primera entrega de dos.

James Kilpin regresa a la mesa con dos pintas de cerveza, una en cada la mano. Él se desliza a través de la mesa frente a mí. Punto de dejar caer el soporte de papel debajo de la bebida espumosa, un pequeño cobertizo en el suelo. James se deja caer en la silla y toma el primer sorbo. En plena primavera del 2014.

– “Oh, sí! Yo quería contarte, tengo una excelente historia para ti” – dice de repente. Alcé las cejas ligeramente interesado:

– “Continua”.

– “Estoy emparentado con el fundador del AC Milan!”.

Fruncí el ceño:

– “Tú, qué?!”.       

James me cuenta su historia. Me senté con los brazos cruzados, y escuchó con atención.

– “William Kilpin nació cerca de 1790. Fue el bisabuelo de Herbert. Si vas en su línea de sangre ahora, después de seis generaciones, vengo yo”.

Y así Kilpin capturó mi atención, comenzó la historia de su viaje. James y su hermano Simón, querían seguir el camino de su pariente, para explorar su pasado. Ellos quieren repetir la ruta de Nottingham a Milán, ya que una vez el jugador de 21 años, Herbert Kilpin, se embarcó en una aventura.

– “Pensamos volar directamente a Milán para llegar a los lugares de interés, en los lugares memorables – explica James – pero la mejor manera de aprender la historia y ver con nuestros propios ojos a los acontecimientos, es ir a donde comienza la historia, en la que nació, vivió y trabajó en Nottingham. Es importante para nosotros entender la historia completa”.

El retrato de Kilpin es claro y conocido por todos. Fue el noveno hijo de una familia de carniceros en Nottingham, formó el Football & Cricket Club Milan en 1899. El rossoneri emergente ganó tres títulos en la década siguiente. Kilpin fue un creador de ideas, un innovador, un maestro. Él es conocido por haber consumido whisky en grandes cantidades antes y después del partido, celebrando una victoria y experimentando una derrota. Sin embargo, se las arregló para retirarse hasta los 43 años, más tiempo que el incombustible Paolo Maldini. La foto de Kilpin nos los muestra con bigotes y una figura popa. Lleva una camisa roja sobre pantalón negro, con un cuello almidonado y una gorra plana. Él cuidadosamente toma un cigarrillo con los dedos de la mano izquierda, creando la imagen de un aspecto gallardo.

A pesar de su personalidad enigmática, la memoria de Kilpin se ha vuelto sólida. Hasta 1999, él había estado en una tumba sin nombre. Él fue olvidado, perdido en las brumas del tiempo. Sólo recientemente, un poco más de 100 años desde la muerte de Kilpin, regresó a la prominencia. Hay suficientes lugares y recuerdos, para ver los contornos de esa figura misteriosa.

Por lo tanto, estamos en el camino de Mansfield. El autobús nos llevó lejos del centro de la ciudad, por la pendiente. Los gases de escape humo acre están en el aire. Un hombre asustado está presionado contra una pared de piedra gris con un cartel con el número 191. Su gorra se extiende sobre sus ojos. Murmura algo sobre el gobierno para sí mismo, y baja por la ladera.

Una colección de calcomanías drenaje nos recuerda el valor de esta casa. El rostro de Herbert fue pintado con pintura roja en la pared negra, se ve como el Che Guevara. Fue aquí donde nació Kiplin, en Mansfield Road, en el número 191, el 24 de enero de 1870.

La casa está en ruinas, fue abandonada durante mucho tiempo. Su última encarnación fue la de un carnicero halal, que a veces comercializaba carne en días llamados “Día de Kilpin”. El rótulo de la tienda fue una vez pintado en azul. Finalmente, fue retirada su base metálica. La rejilla protege las ventanas que se han vuelto opacas a partir de una gran capa de polvo.

El autobús número 87 se acerca directamente a la fachada del edificio. Preguntamos por Kilpin en el supermercado cercano. El cajero simplemente sacude la cabeza y sonríe con nerviosismo, nos muestra que no tiene ni idea de lo que estamos hablando. La escena parecía bastante absurda. Para nosotros este lugar es significativo, para todos los demás, no saben nada acerca de Kilpin, eso fue horrible. Nottingham conoce poco sobre la vida Kilpin. Además de su lugar de nacimiento, sólo la certeza de que trabajó en el almacén de encajes de Thomas Adams. En Gran Bretaña industrial, el algodón fue producido en Manchester, seda en MacClesfield. En Nottingham se produjo el encaje.

El periódico italiano Lo Sport Illustrato publicó en 1915 una colección de anécdotas escritas por Kilpin. Pero su pasión era en el fútbol. A la edad de 13 años condujo la pelota al Forest Recreation Ground en la posición del extremo derecho. Como un adolescente, él era un verdadero italomaníaco. Llevaba una camisa roja, en reconocimiento al nacionalista italiano Garibaldi. En honor a él, fundó un equipo de fútbol juvenil. El joven Herbert también jugó para Notts Olympique y St. Andrews, que jugó en la segunda división de Inglaterra. Fragmentos informativos de la juventud de Kilpin testimonian su entusiasmo sin fin en el fútbol.

Nottingham tardó con el reconocimiento de la magnitud histórica de Kilpin. Es ahora, que los mismos equipos de la Escuela del Forest Recreational juegan una Copa nombrada en su honor, la Copa Kilpin. Y la compañía de medios local LeftLion presentará un documental de larga duración sobre la vida de Kilpin en 2017.

Dimos un paseo por el camino de Mansfield pasando pubs, bares y casas de apuestas. Creciendo en Buckinghamshire, James y Simon encontraron su parentesco con Kilpin sólo en 2013. Pero no podían combinar la genealogía del parentesco con él.

– “Nadie sabe cuándo estuvieron los Kilpins en Buckinghamshire, la cosa es que nuestra familia tampoco se fue”.

Resultó que las raíces son un poco más profundas. Fue el padre de Herbert, Edward, quien dejó Stoke Goldington en Buckinghamshire para ir a Nottingham en busca de una vida mejor. Stock Goldington ha sido renombrado desde entonces Milton Keys, que recientemente celebró su quincuagésimo aniversario.

Los snack bares, pubs y casas de apuestas han terminado. Fuimos al centro comercial “Victoria”. Terminamos en el centro de la ciudad. Pasamos por el pub “The Major Oak”, que está en la intersección de Pelham Street y Victoria Street. Caminamos por la calle Victoria hasta las torcidas calles de la Puerta Fletcher, donde los tranvías hacían ruido por la ladera. En un lado de las vías del tranvía está The Lace Market, seguido por un laberinto de calles estrechas entre los almacenes de ladrillo rojo. Aquí estaba el edificio de Thomas Adams, el almacén de encajes donde trabajaba Kilpin. El lugar donde conoció a Edoardo Bozio, un comerciante textil de Turín. El mismo que contribuyó a la partida de Herbert a Italia en 1891.

Pasamos por estas calles y salimos a un estrecho callejón donde descansaba en el patio. Está el pub de Herbert Kilpin. El signo minimalista de este pub es el bigote Kilpin. Entramos y pedimos un par de pintas de Kilpin Pale Ale.

– “Es simplemente extraño”, James se ríe, sacudiendo la cabeza. “En todas partes Kipling es el “Redyard”, pero no escucharás el apellido Kilpin en ninguna parte”.

Las pinturas coloridas se deslizan a través de la pared. En términos de significación simbólica, el camino 191 de Mansfield se coloca al lado del San Siro. Él encarna perfectamente el encanto de la historia de Kilpin. Un club inusual salió del origen ordinario.

Llegamos al pub para conocer a Robert Nieri, un residente de Nottingham, que recientemente escribió un libro sobre Kilpin – “The lord of Milan”.

Robert encontró un artículo en el Nottingham Post hace 9 años sobre un residente local que fundó al Milan:

– “Pensé que era increíble, y comencé a explorar de inmediato. La información sobre la vida de Kilpin existe muy poco. Escribí el libro como su biografía, pero me faltaban tantos hechos que algunos los supuse, confiesa Robert. – Utilicé una combinación de recuerdos anecdóticos de Kilpin, informes de partidos, obituarios, para formar el personaje de mi héroe. A pesar que esto es fantástico, creo que estoy cerca de la verdad. Viví con su historia durante nueve años, y ella se acomodó muy bien en mi cabeza. No creo que fuera una figura simpática de muchas maneras. Probablemente fue porque era un poco auténtico”.

Para justificar un poco su intuición, Robert nos contó una de las anécdotas publicadas por Kilpin en Lo Sport Illustrato: en su primera noche de bodas de 1905 recibió una invitación para telegramar un partido en Génova a la mañana siguiente. Rápidamente dejó a su joven esposa, recordándole que había aceptado casarse con ella, a condición de que ella no le impidiera jugar al fútbol.

El pub, que comenzó su trabajo en 2016, trabaja toda la noche del viernes. Tenemos una conversación casual, nos reímos y contamos los vasos. El copropietario del pub, Nigel Garlick, se sienta en nuestra mesa. Más y más personas están llegando a unirse a nosotros. Los temas de la conversación son el Nottingham Forest, Notts County, y, por supuesto, Kilpin.

El Forest Recreation Ground, donde Kilpin representaba al equipo de Garibaldi, formaba parte del Bosque de Sherwood, supuestamente un refugio para Robin Hood y su gente. Nottingham y sus leyendas son compañeros naturales.

Le pregunté a Robert: ¿cómo reaccionó el AC Milan ante la liberación del libro por el centenario de la muerte de Kilpin? Robert habló de Marco Amato. La presentación del libro tuvo lugar en el club gracias a los intereses de Marco, el curador del Museo de Milán. Él busca educar a los fans del Milan en la historia del club. Además de una serie de “milanistas” inflexibles en las filas de Curva Sud, incluso en el Milan, Kilpin sigue siendo en gran parte un desconocido.

Final de la primera parte. La segunda parte del viaje sobre la vida del fundador del Milan será en Italia.

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Publicado: 01/11/16

Marco Van Basten

Recordando a… es una vieja sección de Milan Adictos que tuvo bastante éxito en nuestra etapa cuando el dominio apuntaba al .com, debido a la pérdida de ese dominio y al cambio de servidor, muchos hilos se quedaron en el camino, entre ellos todos los que se crearon para esta sección, que los quiero ir rehaciendo poco a poco, aprovechando que ayer fue el cumpleaños de Marco Van Basten (52)

Son al menos seis las fechas que un buen rossonero debería tener apuntado en su calendario. En riguroso orden en el calendario: 20 de febrero la muerte de Paron Rocco, el 8 de mayo el cumpleaños de Franco Baresi, el 26 de junio el de Paolo Maldini, el 18 de agosto el nacimiento de Gianni Rivera y Roberto Rosato, el 29 de septiembre el de Silvio Berlusconi y por último, el 31 de octubre, el de Marco Van Basten. Seis días de gloria e historia, el séptimo como es de buena costumbre, jornada de descanso.

Seis de sus actuales 52 años los vivió como jugador milanista, donde son muchos los hinchas milanistas que habrían dado algunos de sus años para seguir viéndole jugando y danzando por los campos de San Siro y en todos los humanamente imaginables. Es el primer cumpleaños tras la muerte de Johan Cruyff, su ídolo y mentor. Donde aprovechamos estas líneas para contar la historia del siempre denominado “Cisne de Utrech”

Estamos en el minuto 86 de la final y Capello decide efectuar el cambio. Quizá ha esperado mucho. Quizá nunca debió haber apostado por Van Basten como titular, para empezar, eso nunca se podrá saber. En la derrota siempre hay culpables. El holandés se retira del campo visiblemente cojo pero lo más rápido que puede. El poderoso Milan pierde 1-0 ante el Olympique de Marsella, esa burbuja futbolística que se sacó Bernard Tapie de la chequera a base de amañar partidos y fichar todo lo fichable. Van Basten se sienta en el banquillo derrotado, todos sus esfuerzos para llegar a ese partido frustrados por una actuación mediocre, en lo individual y en lo colectivo.

Tiene solo 28 años pero el cuerpo de un veterano y un tobillo que le ha dejado varias veces al borde de la retirada. El dolor no engaña, esta vez va en serio. La final de la Champions League de 1993 se apaga mientras el delantero por antonomasia de la década de los 80 mira los intentos desesperados de su equipo, de los Baresi, Rijkaard, Maldini, Donadoni, Albertini, Massaro, Papin… chocar una y otra vez contra la muralla negra del Olympique: Desailly, Angloma, Boli, Pelé… y detrás de todos el joven calvo Fabien Barthez, un pigmeo en tierra de gigantes.

Es otro fútbol, piensa. Un fútbol físico, demasiado físico incluso para un equipo italiano. Rijkaard ya no puede ni con Deschamps. Los conceptos han cambiado y su tobillo sigue hinchado como un tomate. Nadie le pregunta. Todos esperan a que el árbitro pite, para bien o para mal. La temporada 1992/93 acaba de una manera totalmente inesperada, porque el Milan, tras su año de sanción europea, volvía a parecer imparable. Berlusconi había fichado a Papin, a Savicevic, a Boban, a Lentini, a Eranio… El propio Van Basten había tenido una temporada más que aceptable hasta su lesión a finales de 1992, poco antes de recibir su tercer Balón de Oro de manos de la revista France Football.

Meses de recuperación de un tobillo destrozado que culminan en un regreso apresurado, un último gol al Ancona y este sufrimiento absurdo en el Olympiastadion de Munich. Los jugadores franceses abrazándose y Van Basten que saluda a Rudi Völler, viejo compañero de batallas ochenteras, y se mete a recibir su sesión de hielo, masaje y lágrimas. En rueda de prensa, Capello se limita a decir sobre el holandés: “Está lesionado”, sin advertir aún de que esa lesión es algo más, que ese intento desesperado por jugar su tercera final de la Copa de Europa le costará perderse la siguiente, pasar un año en blanco, volverse a operar y tener que retirarse definitivamente un 18 de agosto de 1995, sin llegar a cumplir los 31 años, dos después de casarse en muletas, de vivir en muletas, de luchar por llegar a un Mundial que su propio club le impidió jugar en 1994. Retirarse sin retirada, lo más triste para un deportista de élite.

El recuerdo de Munich como postre amargo de una carrera espectacular que le vio ganar, aparte de los tres Balones de Oro, dos Copas de Europa con el Milan, una Eurocopa con Holanda —el único título de prestigio para esa selección en su historia— y multitud de títulos nacionales con el Ajax y el equipo de Berlusconi, Sacchi y Capello. Aquellos cuatro últimos minutos de dolor en el banquillo como resumen injusto de una década de estrellato, desde que debutara en el Ajax al lado de Johan Cruyff hasta su último Pichichi en el Scudetto, con 25 goles en 31 partidos durante la temporada 1991/92.

“Llega un momento en el que cualquier cosa es mejor que el dolor, cualquier cosa es mejor que sentirse inválido. Ahora estará en paz consigo mismo”, dirá su mujer, Liesbeth, al acabar la rueda de prensa. Tenía razón, pero no bastaba. A los aficionados no nos bastaba, eran demasiados años disfrutando de su fútbol total desde aquella primera temporada profesional en Ámsterdam con 17 años.

Aquel verano de 1981 no se hablaba demasiado de Marco Van Basten. Había destacado con las selecciones inferiores de Holanda y viajaba de Utrecht a Ámsterdam para probar con el equipo juvenil a sus 16 años. El Ajax era un buen equipo para hacerse un nombre como adolescente, pues los años gloriosos de los 70 habían pasado y, pese a seguir dominando junto a Feyenoord, AZ Alkmaar y PSV Eindhoven, la Eredivisie, el nivel de exigencia había bajado. Marco, un delantero alto y espigado con una calidad técnica envidiable, estaba destinado a pegarse con los chavales antes de dar el gran salto.

Lo de Cruyff fue una auténtica sorpresa porque el Ajax ya le había hecho partido de homenaje y todo. Tras varios años perdido en la liga estadounidense, con una excursión puntual al Levante incluida, “El Flaco” parecía más que acabado, pero aun así tuvo tiempo para dejar unas cuantas joyas, incluyendo el famoso penalti indirecto en combinación con Jesper Olsen. Cruyff era un ídolo y un ídolo ganador y alrededor de él, quisiera o no el presidente, se fue configurando un equipo que se llevó dos ligas y una Copa de Holanda mientras crecían nuevos talentos. No solo Van Basten, sino también Frank Rijkaard, un defensa central de 19 años que poco a poco se fue haciendo un hueco en la plantilla junto a los Lerby, Vanenburg y Wim Kieft.

Aquellos dos años fueron ideales para Van Basten: primeros minutos, primeros goles, primeros títulos. Su debut con la camiseta ajacied fue un tres de abril de 1982 frente al NEC, sustituyendo precisamente a Johan Cruyff en un partido que acabaría 5-0 y encarrilaría aún más el título para los de Ámsterdam. Al poco de salir al campo, aprovechando una falta lateral, Van Basten marcaría su primer gol como profesional: un cabezazo impecable entre dos centrales despistados, picado al palo contrario, impresionante en el salto y en la celebración, un ataque de locura, un sueño cumplido nada más empezar a dormir.

Aquel fue el único partido que jugó esa temporada. La siguiente llegó hasta los 20 y demostró que era cosa seria. Rijkaard y él triunfaban en el Ajax mientras Ruud Gullit lo hacía en el Go Ahead Eagles. Holanda volvía a apuntar maneras aunque su selección siguiera fracasando clasificación tras clasificación. Los nueve goles de Marco hicieron pensar al presidente que la presencia de Cruyff era prescindible. Aquel fue un error mayúsculo que el equipo pagaría con creces en uno de los episodios más impresionantes del fútbol moderno: a los 36 años, Johan se marcharía al eterno rival, el Feyenoord, y se convertiría en el mejor jugador de la liga, llevando al equipo al doblete Liga-Copa casi una década después de su último título.

El éxito de Cruyff eclipsó un año espectacular de Van Basten. Su primer año espectacular. Debutó en Copa de Europa a los 19 años pero la experiencia solo duró dos partidos, los que tardó el Olympiakos en eliminar al Ajax en primera ronda. En liga, Marco empezó como un tiro, marcándole tres goles al Feyenoord de Cruyff (y Gullit, recién fichado) en un 8-2 que prometía un nuevo paseo en la liga holandesa. Las declaraciones de Johan después del partido: “Me da igual el resultado, vamos a ganar la liga igual” resultaron ser proféticas. Pese a los 28 goles que marcó Van Basten en esa temporada, registro solo superado en Europa por el galés Ian Rush y que le valdría la Bota de Plata siendo aún un adolescente, la temporada del Ajax fue una cuesta abajo imparable con Cruyff como bestia negra: les eliminó en la Copa y les derrotó con dos goles en el partido de vuelta de liga, el que prácticamente sentenciaba el campeonato.

Van Basten ya era titular en la selección de su país y uno de los mejores delanteros de Europa. Las ofertas empezaron a lloverle, pero eran tiempos en los que los grandes equipos solo podían contar con dos extranjeros y no con quince, lo que les hacía ser algo conservadores a la hora de elegir sus fichajes. Marco estaba cómodo en el Ajax y más aún al saber que al año siguiente llegaría de nuevo Cruyff, ya retirado, a ejercer de director deportivo. La temporada fue excelente: otro título de máximo goleador para acompañar al campeonato de liga. Cruyff se cargó a De Mos al acabar el año y puso a Bruins Slot como títere para allanar su camino como entrenador la temporada siguiente, la mejor, por cierto, de la vida de Van Basten en Ámsterdam, la que le puso, ya definitivamente, en el disparadero internacional.

Y es que Marco empezaba la temporada 1985/86 aún con 21 años recién cumplidos pero tres títulos de liga ya a sus espaldas. La espina clavada de la Copa de Europa no consiguió sacársela, pues el equipo volvió a caer eliminado a primeras de cambio frente al Oporto de Madjer y Futre, pero el juego del Ajax fue espectacular: hasta 120 goles marcó aquel equipo de ensueño encabezados por los 37 que anotó su joven estrella en tan solo 26 partidos. Una barbaridad y un espectáculo que, sin embargo, no sirvió para ganar la liga. El Ajax estaba haciendo un equipo de jóvenes prometedores con Ronald Koeman y Frank Rijkaard compatibilizando defensa y medio del campo y Van Basten y Van’t Schip como delanteros. Ninguno de ellos se acercaba a los 25 años.

El problema es que, silenciosamente, y al calor del dinero de la Philips, en Eindhoven se estaba construyendo un equipo menos glamouroso, más veterano, con un juego híbrido de ataque y defensa liderado desde el banquillo por Guus Hiddink y que acabaría birlándole el título esa temporada y de paso llevándose a Ronald Koeman en el verano de 1986, el mismo en el que Berlusconi no pudo esperar más y se lanzó al fichaje de Van Basten, el delantero que le faltaba para reconstruir al Milan desde la nada. Años después, como veremos, se le unirían Rijkaard y Gullit, formando uno de los mejores equipos de la historia.

El acuerdo con el Milan quedó firmado ese mismo verano pero no contemplaba la incorporación a filas hasta la temporada siguiente, en septiembre de 1987. Fue un año muy raro para el Ajax, que cogió una ventaja muy rápida en liga pero la fue perdiendo poco a poco por centrarse demasiado en Europa. Koeman se había ido, sí, pero apareció Aron Winter y con 17 años hacía su debut un jovencito rubio llamado Dennis Bergkamp mientras Rijkaard pasó a jugar de 4, esa extraña posición en el esquema de Cruyff que alternaba las posiciones de líbero y organizador.

Van Basten tuvo otro año espléndido, con 31 goles en 27 partidos. Su dominio del campeonato era total, pero las molestias en las articulaciones, especialmente en el tobillo, comenzaron durante esa temporada y el jugador llegó a un extraño acuerdo con Cruyff: no jugaría los partidos de liga cuando hubiera un partido de Recopa en medio. El acuerdo salvó la salud de Van Basten y su traspaso a Milán pero acabó con las posibilidades del equipo en liga, cediéndole el campeonato de nuevo al todopoderoso PSV. En Ámsterdam no pareció importar demasiado: ligas habían ganado muchas, pero títulos europeos, no tantos. Desde la Copa de Europa de 1973, el equipo no había levantado un trofeo continental y esta vez la Recopa se estaba poniendo a tiro. Tras eliminar al Bursaspor, vengarse del Olympiakos, imponerse al Malmoe in extremis y superar con suficiencia al Zaragoza en semifinales, el Ajax estaba de nuevo en una final y su rival no daba demasiado miedo: el Lokomotiv Leipzig, de la República Democrática Alemana.

Pocos días después de perder el campeonato de liga, los jóvenes ajacieds se enfrentaban a su gran reto, el que culminaba cinco años de formación conjunta, el mejor escaparate para demostrar que sus éxitos no eran producto solo del bajo nivel de la liga holandesa. Aquel día, Cruyff formó con su clásico 3-4-3: Menzo; Silooy, Verlaat, Boeve; Rijkaard, Wouters, Winter, Mühren; Van’t Schip, Robert Witschge y Marco Van Basten. Se preveía una goleada pero el partido fue infumable. A los 21 minutos, Van Basten marcó su sexto gol de la competición. Su último tanto con el Ajax tuvo un aire de familia con el primero. Contraataque por la banda derecha, centro medido y el delantero se anticipa a los centrales para cabecear al palo contrario. Gol de 9 puro obra de un jugador que desconcertaba por su repertorio y su capacidad de remate, incluyendo uno de los mejores goles de la historia: la tijereta que le metió al Den Bosch en partido de liga en noviembre de 1986. No se pierdan el vídeo.

A partir de ahí, el Ajax competió mal, sin saber si ir a por más o conformarse. Esos ataques de indefinición que le daban a Cruyff en sus primeros años. Los minutos pasaron y el Lepizig lo intentaba pero le faltaba talento. En el minuto 66 salía Bergkamp para completar un equipo recordado durante años. Menzo salvó un par de jugadas peligrosas y todo acabó así: 1-0, Cruyff manteado, el Ajax de nuevo campeón… y Van Basten rumbo a Milan con Rijkaard de la mano, aunque el centrocampista tendría que esperar un año más para debutar con Arrigo Sacchi, año que aprovechó para pasar por Zaragoza.

EL PRIMER AÑO EN EL MILAN

El primer año de Berlusconi en el Milan había sido anodino, que es lo peor que se puede decir de algo con Il Cavaliere de por medio. Después de hacerse con las riendas del equipo en marzo de 1986, los conflictos con el entrenador Nils Liedholm acabaron con el técnico en la calle y un jovencísimo Fabio Capello como interino. Bajo la dirección de Capello, el equipo consiguió remontar hasta ganarle a la Sampdoria un puesto para jugar la siguiente Copa de la UEFA después de empatar a puntos en la quinta posición, detrás del mítico Verona de los 80 y los clásicos Inter y Juventus. Como campeón, por primera vez en su historia, quedaba el Nápoles de Diego Armando Maradona, recién llegado de su exhibición en México y dominador absoluto de liga y copa.

El campeonato al que llegaba Van Basten no tenía nada que ver con el que dejaba en Holanda: nada de tecnicismos, nada de goleadas, nada de tiempos muertos. En 1987, prácticamente todos los buenos jugadores internacionales jugaban en Italia y ahí les hacían correr, vaya si les hacían correr. Tiempos de Conconi y asociados. Musculaturas sorprendentes y resistencia inagotable. En su primera temporada, Van Basten compartió estadios con Maradona, Careca, Laudrup, Völler o Rush. Platini acababa de dejar la Juventus y en los años venideros llegarían los Caniggia, Matthaeus, Klinsmann, Bergkamp y compañía.

El duelo Nápoles-Juventus, sur-norte, polarizaba el campeonato con intervenciones puntuales del Inter. El Milan no ganaba el título desde 1979 y la elección de Berlusconi para guiar su nueva nave fue sorprendente: un casi desconocido entrenador llegado del Parma y llamado Arrigo Sacchi. Fue una apuesta que cambió el rumbo del club y del fútbol contemporáneo. Sacchi rechazó la idea tradicional de defender en su área y subió la línea varios metros para ahogar al equipo contrario. Franco Baresi se convirtió en el eje del equipo: a un grito suyo todos subían o bajaban. El fuera de juego dejaba de convertirse en un recurso para convertirse en un arma central y los rivales caían una y otra vez. Al “achicar” así el campo, Sacchi conseguía que la presión fuera más sencilla. Para eso estaban los Ancelotti, Colombo, Evani, Donadoni… capaces de crear juego y a la vez destruirlo si era necesario.

Si el eje de atrás lo formaba Baresi ayudado por Filippo Galli, el de ataque giraba en torno a Ruud Gullit, el excompañero de Cruyff en el Feyenoord que había llegado también ese verano a Milán y que deslumbraba por su capacidad para estar en todos lados. Un jugador indetectable y a la vez ubicuo. En la delantera, Van Basten, y junto a Van Basten, el veterano Virdis —uno de los tres únicos jugadores mayores de 27 años, los otros dos eran Ancelotti y el portero Giovanni Galli— o el siempre eficaz Daniele Massaro. En ocasiones, Evani podía jugar también en esa posición o incluso Gullit ejercía de falso 9.

El debut de Marco fue el soñado. Primer partido contra el Pisa y primer gol, aunque fuera de penalti. Lo que se esperaba del chico. Ahora bien, pocas semanas después, se lesiona del tobillo y lo que parece un simple esguince se convierte en un problema que le tiene fuera prácticamente todo el año. En la temporada 1987/88 solo disputará 11 partidos, marcando tres goles. Sin embargo, su papel fue decisivo en la remontada que el Milan de Sacchi, tras un inicio lleno de dudas, le hizo al Nápoles de Maradona. De regreso con el resto del equipo en marzo, Van Basten marcó al Empoli el único gol de un partido clave en la jornada 25, manteniendo a su equipo a cuatro puntos y volvió a marcar en el partido que decidía la temporada, en un San Paolo lleno, antepenúltima jornada de liga —en total eran 30— y victoria 2-3 del Milan con doblete de Virdis para complementar.

Precisamente Virdis fue, para muchos, el mejor jugador de aquella temporada y ya había acabado como máximo goleador la temporada anterior, pero se trataba de un jugador limitado en lo técnico y con 31 años a sus espaldas, pedía un reemplazo a gritos. Sirvió para quitar presión a Marco en su primer año y ayudó a ganar la Copa de Europa el siguiente, pero ahí ya fue traspasado ante la imposibilidad de competir en un equipo muy joven y que superaría cualquier expectativa.

Con solo dos derrotas en 30 partidos, el Milan quedaba campeón de liga aunque todos lo atribuyeran al bajón del Nápoles. Su fútbol aún no enamoraba pero al menos ya se hacía notar. Berlusconi estaba contento, Sacchi respiraba aliviado ante tamaña presión. Van Basten sentía una espina clavada por su lesión. Una espina que se arrancaría apenas un mes y medio más tarde.

LA EUROCOPA DE 1988

Pese a su explosión en los años 70, Holanda llegó a la Eurocopa de Alemania en 1988 con sus vitrinas vacías. Doble finalista de los Mundiales de 1974 y 1978, con Cruyff y sin Cruyff, los holandeses se habían ganado fama de aplicados, divertidos, competitivos… pero poco fiables en los momentos clave de los campeonatos. La trayectoria de Marco Van Basten con la selección no había sido sencilla: debutó el siete de septiembre de 1983 ante Islandia, un cómodo 3-0 con goles de Gullit, Houtman y Erwin Koeman, el hermano de Ronald. No se esperaba mucho de aquel grupo por su extrema juventud, pero sus victorias consecutivas ante Eire (2-3, con dos de Gullit y uno del propio Van Basten a sus 19 años), España (2-1, con otro gol de Houtman) y Malta (5-0, con doblete de la otra “perla”, Frank Rijkaard) le colocó a un paso de la clasificación. Lo único que tenía que pasar es que España no ganara por 11 goles de diferencia a Malta en el último partido. El resto es historia.

En cualquier caso, aquella generación iba en serio… o eso parecía. Pese a contar ya en el equipo con los Van Breukelen, Vanenburg, Van’t Schip, Koeman, Witschge, Gullit, Rijkaard, Van Basten… Holanda solo pudo ser segunda de su grupo en la clasificación para el Mundial de 1986, superada por Hungría, y caería después en el desempate con Bélgica, la selección que precisamente amargaría en México el sueño español en cuartos de final. En el partido de ida, Bélgica se impuso 1-0 y en el de vuelta Holanda solo pudo ganar 2-1. Van Basten no era de los favoritos del seleccionador y la verdadera estrella, curiosamente, era Wim Kieft, un delantero mucho más torpe pero que acabó como máximo goleador de la fase de clasificación.

Los dos años que pasaron entre 1985 y 1987 le hicieron mucho bien al equipo: el Ajax se estableció como referencia europea ganando la UEFA en 1987 y repitiendo final en 1988. El PSV, por su parte, ganó contra todo pronóstico la Copa de Europa de 1988 a base de empatar partidos y defender con todo. Eran dos estilos que se necesitaban el uno al otro: el espectáculo desmadejado del Ajax y el orden calculado del PSV. Además, Van Basten y Gullit ya habían dado el salto a Italia, Koeman tenía un acuerdo con el Barcelona, Rijkaard también se incorporaría inmediatamente al equipo de Sacchi y la tensión competitiva de los jugadores no tenía nada que ver con la de los chavales de las anteriores fases de clasificación.

Holanda se paseó en su grupo frente a la misma Hungría que le había eliminado camino del Mundial de México, ganando siete partidos y empatando dos. En total, anotó 23 goles en nueve partidos, con cinco obra de Ruud Gullit y dos de Marco Van Basten, incluido el decisivo en Budapest. Recordemos que buena parte de la clasificación la pasó el delantero del Milan lesionado del tobillo. Su puesto lo ocupó John Bosman, que se desató ante Chipre, marcándoles ocho goles en solo dos partidos.

Con un equipo formado por Van Breukelen; Van Tiggelen, Koeman, Rijkaard, Van Aerle; Mühren, Wouters, Gullit; Van’t Schip, Bosman y Van Basten, Holanda empezó la Eurocopa de Alemania como máxima favorita aunque con su estrella aún recuperándose de su lesión de tobillo, por lo que no pudo terminar el primer partido. Por entonces, la competición se dividía en dos grupos de cuatro equipos. Los dos primeros de cada grupo pasaban a semifinales y Holanda tenía unos rivales asequibles: Inglaterra, Eire y la Unión Soviética. El primer partido lo jugaron en Colonia frente a los soviéticos. Fue un desastre mayúsculo. Con Rinat Dassaev parándolo todo, los holandeses fueron un manojo de nervios que acabaron cayendo 0-1 con gol de Rats. Rinus Michels no podía creérselo y la prensa cayó encima como buitres anticipando un nuevo fracaso en el momento decisivo.

Para el segundo partido, ante Inglaterra, Michels introdujo varios cambios clave: Van’t Schip se quedó fuera de la convocatoria y Bosman se sentó en el banquillo. Como sustitutos, Erwin Koeman y Vanenburg. Aquello fue mano de santo: pese a los nervios iniciales, un gol de Van Basten al filo del descanso dio inicio a una auténtica exhibición: un hat-trick demoledor en apenas 31 minutos para inutilizar el gol de Brian Robson. El primero fue una obra de arte: Van Basten recibe un pase desde la banda de Gullit, acomoda el balón de espaldas dentro del área, se gira, regatea con un toque sutil a su defensor y cruza al otro lado de la portería de Peter Shilton. El segundo llega tras otro pase de Gullit, esta vez en profundidad, para que Van Basten defina con una velocidad endiablada, con la izquierda. El tercero lo marca a la salida de un córner, acechante en el segundo palo después de que un compañero peine en el primero para fusilar con su pierna buena, la derecha.

La conexión Gullit-Van Basten funcionaba a pleno gas, pero eso no serviría de nada si no ganaban a Eire en la última jornada y aun así difícil sería quedar primeros de grupo y evitar a la temible anfitriona Alemania en semis. Eire había ganado a Inglaterra previamente y había conseguido empatar ante la URSS, así que el empate le valía para clasificarse. Aquella selección irlandesa —como todas las que vendrían después— se basaba en la defensa continua, balón largo y tío de dos metros que bajara el balón para ver qué hacía con él. Rudimentario pero eficaz. Toda la sutileza de Holanda no sirvió para derrumbar el muro irlandés impuesto por Jackie Charlton y durante 82 largos minutos, los aspirantes a suceder a “La Naranja Mecánica” estuvieron fuera de la Eurocopa, eliminados en la primera ronda. Tuvo que ser Wim Kieft, la antaño estrella del equipo, el que salvara a los suyos con un cabezazo improbable lleno de efecto que batió al mítico portero Pat Bonner.

Por los pelos, pero Holanda estaba en semifinales y, efectivamente, ahí su rival fue Alemania. Con Gullit como capitán y mariscal de campo, los holandeses se impusieron por 1-2 en un partido para el recuerdo jugado en Hamburgo. Alemania se adelantó en el marcador en el minuto 55 gracias a un gol de Lothar Matthäus y hubo que esperar hasta el 74 para que Ronald Koeman empatara de penalti tras un piscinazo de escándalo de Van Basten. El partido parecía dirigirse a la prórroga cuando, en el minuto 88, Wouters encontró un pase imposible en profundidad a Marco, que volvió a usar su zancada imbatible para superar a Kohler y batir medio cayéndose a Immel.

Así era Van Basten: podía guardar el balón si el equipo lo necesitaba, podía rematar de cabeza como el mejor, dominaba todos los primeros toques… y era imparable en carrera. Su actuación en la final ante la URSS y sobre todo el majestuoso gol por el que será recordado toda la vida, esa volea imposible al palo contrario de Dassaev tras un balón a la olla centrado por Arnold Mühren, le valieron el premio a mejor jugador del torneo y la primera y única Eurocopa que ha ganado Holanda en su historia. A finales de año, sorprendentemente pues había pasado meses lesionado, France Football le premió con el primero de sus tres Balones de Oro.

EL 5-0 AL REAL MADRID Y LAS DOS COPAS DE EUROPA

Van Basten se fue de Milán como un cojo cuya carrera corría peligro a los 24 años y volvió como el mejor jugador del mundo. Cosas que pasan en el fútbol. La conexión que había mostrado con Gullit parecía imbatible y ese año se les unió otro holandés, Frank Rijkaard, quien, en un gesto táctico de Arrigo Sacchi, dejó de ser central para pasar a ser mediocampista defensivo, un movimiento que marcó época, pues el cambio a la inversa lo habíamos visto antes y lo vemos muy a menudo ahora: mediocampistas que por su fortaleza pueden jugar de centrales, pero lo de un central pasando a jugar en el centro del campo no era tan común y le dio un plus de físico al equipo que no tenía con Ancelotti como organizador.

El Milan mostró desde inicio de temporada un desinterés absoluto por la competición doméstica: eliminado en segunda ronda de la Copa de Italia y muy lejos del Inter en liga (los de Sacchi solo ganaron 16 de los 34 partidos disputados), todas sus fuerzas se centraron en recuperar la Copa de Europa después de 20 años exactos. Marco Van Basten tuvo un buen año en lo personal: marcó 19 goles en liga, que en Italia eran una barbaridad por la época, quedando como segundo máximo goleador de la competición detrás de Aldo Serena, empatado con Careca y justo por delante de la estrella emergente del calcio, Roberto Baggio, aún en las filas de la Florentina. Sin embargo, el holandés se comportó como un tirano en Europa, donde anotó diez tantos en nueve partidos, incluyendo cuatro entre las semifinales y la final.

Fue precisamente en las semifinales cuando tuvo lugar el que probablemente sea el partido más recordado de la época gloriosa del Milan de Sacchi y “los holandeses”. El rival era el Real Madrid, que estaba a punto de ganar su cuarta liga consecutiva y había caído en semis los dos años anteriores, ante Bayern de Munich y PSV Eindhoven. El Madrid era un equipazo. A la famosa “quinta del Buitre” había que añadirle jugadores como Hugo Sánchez, Rafa Gordillo o Bernd Schuster. Sin duda, era el máximo favorito para ganar la competición, pero el primer partido en el Bernabéu ya fue una piedra de toque importante: el Madrid no estaba acostumbrado a ese ritmo de juego, esa presión, esa velocidad en la circulación de balón que permitía al Milan pasar de su área a la contraria en segundos.

Pese a todo, antes del descanso, a la salida de un corner y tras error de Baresi a la hora de tirar el fuera de juego, Hugo Sánchez marcaría el 1-0, un resultado excelente para los madridistas. ¿Se vino abajo el Milan? Todo lo contrario. Con Gullit jugando de todocentrista, los italianos empezaron a dominar el partido y se sobrepusieron incluso a un gol increíblemente anulado al propio Ruud. El empate llegó, cómo no, de la cabeza de Van Basten: un balón que llega desde ningún lado, sin peligro aparente y que el holandés remata en escorzo hacia atrás desde más allá del punto de penalti, bombeando la pelota lo suficiente como para que dé en el travesaño, Buyo se la coma y acabe botando dentro de la portería. Un gol improbable, maravilloso, que dejaba la eliminatoria de cara para los italianos.

Ahora bien, nadie imaginaba lo de la vuelta. Primero, porque el Madrid era un señor equipo. Segundo, porque en liga el Milan estaba jugando horrorosamente mal. Aquel 19 de abril de 1989 se juntó todo: desde el gol maravilloso de Ancelotti que abría el marcador hasta una nueva exhibición conjunta de Gullit y Van Basten. Enfrente, un equipo blanco que no ofrecía solución alguna, incapaz de llegar al área contraria, con Beenhakker apurando sus últimos días en el banquillo.

La temporada terminó como todo el mundo esperaba, con un nuevo doblete de Van Basten en la final ante el Steaua de Bucarest en el Camp Nou, partido que sirvió de homenaje al mítico Virdis, que jugó la última media hora antes de ser traspasado al modesto Lecce. La exhibición de Van Basten y el Milan les llevó a un nuevo triunfo absoluto en la votación del Balón de Oro. Si en 1988, Marco había superado a Rijkaard y Gullit; en 1989 volvería a triunfar, acompañado por Baresi y el propio Rijkaard.

La temporada siguiente tuvo de todo: la mejor versión del Milan volvió a eliminar al Real Madrid de la Copa de Europa, esta vez en octavos de final, y dominó el campeonato de liga durante siete meses hasta que empezaron a suceder cosas muy raras: al Nápoles de Maradona le dieron un partido ganado en Bérgamo contra el Atalanta pese a ir 0-0 por un lanzamiento desde la grada contra Alemao que el brasileño y sus cuidadores se encargaron de exagerar lamentablemente, como el propio presidente del Nápoles reconocería posteriormente. Milán y Nápoles llegaron empatados a la penúltima jornada y a los de Sacchi les valía la victoria ante el casi descendido Verona. Lo que sucedió fue un escándalo: a Van Basten le birlaron un penalti clarísimo y el árbitro se encargó de expulsar a tres jugadores milanistas, Marco incluido. El campeonato se había convertido en una cuestión de odio político, norte-sur, Milan-Nápoles, y el fútbol parecía haber dejado de importar.

En lo personal, Van Basten cumplió de nuevo: 19 goles en 26 partidos de liga y tres goles decisivos en la Copa de Europa: ante el Madrid en octavos, ante el sorprendente Malinas en la prórroga de la vuelta de cuartos y ante el Bayern de Munich en la ida de semifinales. A diferencia del año anterior, todo el pasaje del Milan fue un suplicio: para eliminar al Madrid necesitaron la ayuda de un árbitro generoso que pitó un penalti, precisamente sobre Van Basten, por una falta claramente fuera del área. Ante el Malinas, como decíamos, necesitaron la prórroga después de empatar a cero los dos partidos. En semifinales, contra el Bayern, más de lo mismo: prórroga después de que ambos partidos acabaran 1-0, idéntico resultado que les dio su segunda Copa de Europa en la final ante el Benfica, gol de Rijkaard en las postrimerías del partido.

Algo había cambiado: el Milan ya no era una máquina imbatible y los jugadores parecían sentir un cierto hartazgo táctico de Sacchi. Las cosas para el equipo y para Van Basten no irían sino a peor el siguiente año.

DE SACCHI A CAPELLO: EL TERCER BALÓN DE ORO

Después de ganar la Eurocopa de 1988, Holanda partía como una de las grandes favoritas en el Mundial de 1990 junto a Alemania y la anfitriona Italia. Poco se esperaba de Argentina, con Maradona medio cojo, y menos de Brasil, que había elegido a Lazaroni de técnico, apostando por una europeización del juego que defraudó a muchos de sus seguidores.

Holanda se clasificó primera de un grupo de clasificación que incluía a Alemania aunque su juego no enamoraba. Van Basten pasó casi desapercibido en toda la fase de grupos pero seguía siendo la gran referencia europea y se le esperaba, como en todas las grandes citas. Si alguien ha sabido aparecer cuando debía, ese ha sido el delantero de Utrecht. Además, la primera fase del Mundial les deparó unos rivales bastante asequibles: a sus viejos conocidos, Inglaterra y Eire, había que sumar la desconocida Egipto. ¿Cómo iba a tener problemas un equipo que contaba con Gullit, Van Basten, Rijkaard, Koeman, Roy, Winter, los dos Witschge, Wouters, Kieft, Vanenburg, Danny Blind o el mítico Van Breukelen?

Pues vaya si los tuvo. Su primer rival, Egipto, se adelantó en la segunda parte y solo un gol del eterno Wim Kieft pudo nivelar la balanza. Pésimo comienzo que se prolongaría en el segundo partido, un 0-0 contra Inglaterra. Llegaba Holanda a la última jornada con un gol en dos encuentros y la posibilidad de quedar eliminada si perdía o ser primera de grupo si ganaba a Eire. En la primera parte marcó Gullit pero en la segunda empató el gigantón Quinn. El resultado clasificaba a los dos equipos y dejaba fuera a Egipto así que así quedó la cosa… aunque el precio a pagar fuera un enfrentamiento con Alemania en octavos, una Alemania que había marcado 10 goles en sus tres partidos y que parecía el ogro de la competición tras las dos finales perdidas en 1982 y 1986.

La eliminatoria de octavos se vivió como una final anticipada y una revancha de las semifinales de dos años antes. Probablemente fue el mejor partido de Holanda, pero no bastó: en un partido marcado por el escupitajo de Rijkaard a Völler en el minuto 21 y la posterior refriega que dejó a ambos jugadores en los vestuarios, Alemania se adelantó por mediación de Jurgen Klinsmann y sentenció con un gol de Brehme en el 85. Ronald Koeman puso el 2-1 ya casi en el descuento, demasiado tarde para ninguna remontada. Holanda dejaba el Mundial sin ganar un solo partido y Van Basten no consiguió marcar ni un solo gol, algo que parece increíble mirado en perspectiva y que imposibilitó la consecución de un tercer Balón de Oro.

Aquel torneo fue el anticipo de un año horrible en el Milan, con molestias constantes en las articulaciones, partidos insulsos y una inferioridad manifiesta frente a la Sampdoria de Vialli y Mancini, en el mejor momento de sus carreras. Van Basten anotó tan solo 11 goles en toda la temporada y se vio involucrado en el gran escándalo de Marsella, el equipo que volvería a cruzarse más tarde en su carrera de forma fatal como ya hemos visto al inicio de este artículo.

La historia es la siguiente: el doble campeón de Europa, después de sufrir lo indecible para eliminar al Brujas, tiene que enfrentarse en cuartos de final con el Olympique de Marsella de Bernard Tapie. En el partido de ida, jugado en San Siro, el resultado es de 1-1. En la vuelta, el Milan pierde 1-0 y el tiempo se acaba cuando de repente se apagan todas las luces en el Velodrome. Los jugadores se van a los vestuarios a esperar que se solucione la situación. Quedan pocos minutos para el final y el Milan está a punto de perder su primera eliminatoria en tres años. Cuando las luces vuelven, el árbitro está dispuesto a reanudar el partido… pero falta un equipo. Los jugadores y técnicos del Milan se quedan en el vestuario, convencidos de que han sido víctimas de una conspiración, que nada de lo que está pasando es casual.

Ante la negativa milanista, el árbitro suspende el partido y será la UEFA la que les castigue con un 3-0 en contra, la consiguiente eliminación y una sanción que les impedirá jugar en competición europea al año siguiente. Una pérdida de papeles impropia de un equipo campeón y que manchará este último año de Sacchi, quien, harto ya de la convivencia de cuatro años y, curiosamente, con solo una liga en su haber, decide dejar el equipo y aceptar la oferta de la Federación Italiana para encargarse de la selección de su país, a la que llevará a la final en el Mundial de Estados Unidos 1994.

La horrible temporada exige cambios y los nombres de los entrenadores de prestigio llueven sobre los periódicos lombardos. Sin embargo, Berlusconi vuelve a recurrir a su hombre de confianza por excelencia, el mismo que le salvó en su primer año de presidente, aquel año sin holandeses, sin títulos y sin glamour alguno. El elegido es Fabio Capello, técnico de 44 años que solo tiene la experiencia como primer entrenador de aquellos pocos partidos de la temporada 1986/87. Obviamente, todos piensan que fracasará, para empezar su antecesor, Sacchi, quien asegura a la prensa que “se ha exprimido la plantilla al máximo y ya no queda nada”.

Capello no pide gran cosa. Básicamente es un verano de continuidad: tenía claro que Van Basten sería de nuevo su estrella, algo en lo que Sacchi, cuya relación con Marco nunca fue del todo buena, no coincidía. Muchos apuntaron de hecho a los enfrentamientos constantes entre ambos como uno de los detonantes de la marcha de Arrigo pero lo cierto es que no era el único jugador con el que el técnico no se llevaba bien. Sus métodos obsesivos se habían hecho insoportables para la plantilla. Capello no es que se relajara demasiado en eso, pero al fin y al cabo era un exjugador, internacional con la selección italiana, y por lo tanto más capacitado para meterse en la cabeza del jugador.

Pese a la imagen que se tiene de él hoy en día, aquel primer Capello era un entrenador valiente, agresivo, que mantuvo la presión de Sacchi y la perfeccionó con una alternancia de marcajes en zona y al hombre que ahogaban al rival. El único gran fichaje de aquel verano fue el de Aldo Serena, para complementar a Van Basten y a Massaro. Simone se asentó en el equipo y Albertini empezó a jugar minutos de calidad. Junto a la explosión definitiva de Maldini, la consolidación de Rossi en la portería y la constancia de los veteranos Ancelotti, Baresi y Donadoni, aquel equipo, centrado solo en la liga, jugó el mejor fútbol que se recuerda en Italia. Un fútbol de otro mundo, de otra época.

Por primera vez en la historia, el Milan ganó la liga sin perder ni un solo partido: 22 victorias y 12 empates, con 74 goles a favor y solo 21 en contra. El cuestionado Van Basten se reencontró con su mejor forma y asombró a todos con su habitual combinación de controles, remates de primera, cabezazos, carreras explosivas… Marcó 25 goles y fue por tercera vez en su carrera el máximo goleador de la liga, con siete goles de ventaja sobre Roberto Baggio, ya en la Juventus.

A los 27 años, Marco parecía haber encontrado la madurez y se esperaba lo mejor de él en el futuro: lejos de la disciplina férrea de Sacchi, lejos de las lesiones de rodilla y tobillo. A finales de año y pese a la enorme decepción de la Eurocopa 92, en la que Holanda fue eliminada en semifinales por Dinamarca tras una tanda de penaltis en la que él fue el único jugador que falló su lanzamiento, Van Basten recibiría su tercer Balón de Oro como mejor jugador europeo. Aquel sería su canto del cisne.

LA AGONÍA FINAL: EL MALDITO TOBILLO

El Milan empezó la temporada 1992/93 como dejó la anterior. Imparable. Al equipo se le conocía como “los invencibles de Capello” y llegaron a sumar más de 50 partidos sin perder un solo partido en liga. Aquel era año de Copa de Europa y había que recuperar el trono perdido dos años antes. Berlusconi puso toda la carne en el asador y se trajo a Boban, Savicevic, Eranio, De Napoli, Lentini —por entonces la gran esperanza del fútbol italiano y el jugador más caro del mundo— y sobre todo a Jean-Pierre Papin, balón de oro en 1991 y goleador impenitente.

Eran los tiempos pre-Bosman y viendo la plantilla, con seis extranjeros que se turnaban para jugar según los partidos, parece increíble que hubiera la más mínima química entre los jugadores. Los holandeses se sintieron desplazados, Papin no encontró su puesto y llegó a decir aquello de “Si el juego de Capello parece aburrido visto desde fuera, imaginaos si te toca estar dentro del campo”, algo que al italiano no le sentó nada bien, como es lógico, y enturbió una relación que acabaría abruptamente al año siguiente. Pese a todo, el equipo arrasaba. En Italia y en Europa. Líder indiscutible de la Serie A e invicto en Europa —llegaría en la final aquel año ganando todos sus partidos con un balance de 23 goles a favor y uno en contra—, el único problema que se cruzó en el camino de aquel equipazo fue el tobillo de Van Basten.

Todo empezó con unas pequeñas molestias, parecidas a las del año anterior, pero Marco no le dio mucha importancia porque seguía goleando. De hecho, acabó la temporada con 14 goles en liga y 20 goles en total pese a disputar solo 22 partidos. Sus tres primeros meses fueron impresionantes… pero en un partido contra el Ancona ya no pudo más y tuvo que parar. Los médicos decidieron que pasara por el quirófano por cuarta vez en su carrera y dieron un período de recuperación de unos cuatro-cinco meses. Eso le dejaba fuera de la temporada y conforme continuaba el dominio del Milan en Europa, Van Basten se intentaba convencer de que podía acortar plazos y jugar la final, fuera contra quien fuera.

Se trató de un enorme error. Efectivamente, pudo reaparecer en abril y volvió a marcar, porque eso no se olvida nunca, pero la precipitación solo empeoró la lesión y las patadas de Desailly hicieron el resto. El tobillo le obligó a pasar de nuevo por el quirófano al acabar la temporada y a partir de ahí, sufrimiento, incomprensión y metas imposibles: no pudo jugar el Mundial de 1994 compartiendo estrellato con su excompañero del Ajax, Dennis Bergkamp y ni siquiera pudo volver a jugar un partido profesional antes de su homenaje en agosto de 1995 entre sus lágrimas y las de Capello.

Fuentes: Wikipedia – Jotdown – Youtube (varios canales)

Categoría(s): Recordando a...
Publicado: 03/04/16

Descansa en paz Cesare Maldini

En un día como hoy donde el Milan como aquel club histórico no queda rastro alguno, donde antes muchos campeones soñaban con venir a jugar a este equipo, donde se acumulaban uno detrás de otro jugadores ganadores del Balón de Oro, este equipo enterrado a manos de Silvio Berlusconi, que un día hace 30 años consiguió hacer que renaciera de sus cenizas hasta llevarlo a lo más alto, ese mismo es el que curiosamente vuelve a enterrarlo, hoy la derrota ante el Atalanta es si cabe más dura cuando uno de los símbolos rossoneros como es Cesare Maldini ya no está entre nosotros.

Empezó mal este domingo al enterarme de la trágica noticia justo después de haber colocado la previa del partido y sin disponibilidad para comentar algo al respecto excepto en Twitter, una semana aciaga después de la desaparición de Johan Cruijff, hoy el Milan está más triste ante la muerte del gran Cesare Maldini, jugador, capitán, gran padre de Paolo Maldini y entrenador que pasó a la historia por estar en el banquillo el 11 de mayo de 2001 y conseguir la mayor goleada de la era moderna ante el máximo rival de la ciudad, como es el Inter, ese 0-6 que fue gracias a su mano y su amor por los colores rossoneros.

Nacido en Trieste en 1932, su debut como jugador se produjo con la camiseta de la Triestina el 24 de mayo de 1953, siendo un año después ya el capitán del club a pesar de su joven edad (21). Desde 1954 a 1966 militó en el Milan, donde disputó 347 partidos marcando 3 goles, llegando a jugar de líbero entre Mario David y Mario Trebbi a inicios de los años sesenta. Ganó cuatro scudettos, una Copa Latina y una Copa de Campeones: era precisamente el capitán del Milan el 22 de mayo de 1963 levantando el primer gran trofeo europeo conquistado por el club rossonero, ganando en Wembley al Benfica de Eusebio. Antes de retirarse, en la temporada 1966/67 defendió los colores del Torino.

Con la Selección llegó a jugar 14 partidos, debutando el 6 de enero de 1960 en la Copa Internacional ante Suiza (3-0). Formó parte del grupo en el Mundial 1962 en Chile, llegando a jugar solo en dos ocasiones. Fue capitán de la represtanción italiana en 1962/63, no obtenido resultados destacables con la camiseta azzurra debido a la falta de calidad técnica del fútbol italiano, algo que perduró después de la segunda guerra mundial hasta principios de 1960.

Nada más retirarse se metió de lleno a ser entrenador, empezando su nueva carrera en el Milan en 1971, primero como segundo de Nereo Rocco, el cual puso bajo su ala protectora a su colega Giovanni Trapattoni para ser el primer técnico con la temporada 1972/73. Tras tres años en la capital lombarda, donde ganó una Recopa y una Copa de Italia en el mismo año (1972/73), a mediados de los setenta guió a varios equipos provinciales como Foggia, Ternana y al final el Parma, club con el que consiguió ascender a Serie B.

Desde 1980 hasta 1986 fue el segundo entrenador de la Selección Italiana junto a Enzo Bearzot, conquistando el Mundial de España en 1982. Contaba Cesare Maldini que Enzo Bearzot le tenía despierto todas las noches hasta las 3 de la mañana durante el Mundial del 82, el que ganó Italia. La Italia de Conti, Tardelli y Gentile. “Yo dirigía los entrenamientos y trasladaba las consignas tácticas. Cuando todos los jugadores se iban a dormir, Bearzot se sentaba conmigo y me preguntaba qué me había parecido esto y lo otro. Todas las noches, aprovechando el silencio de los hoteles. Nos íbamos a dormir a las 3 o las 4 de la mañana”.

Maldini padre era Cesarone para todos. Querido por su capacidad de reírse de sí mismo (todos los italianos estarán sonriendo ahora acordándose de la imitación que hizo de él un famoso cómico italiano). Buena gente, disponible. Siempre estaba de buen humor. Siempre tenía una anécdota que contarte, le llamaras ya fuera para pedirle una foto de familia, preguntarle por su hijo, por el Milán que capitaneó o por la selección italiana. Siempre te desvelaba pequeños secretos, como que Cristian Vieri era el animador del vestuario de Italia; tan serio, en apariencia, la realidad era que él era el que contaba chistes y hacía reír a todos con sus bromas.

Desde 1986 hasta 1996 fue el Seleccionador de Italia Sub-21, llegando a ser campeón de Europa por tres ediciones consecutivas (1992, 1994 y 1996), ganando el trofeo personal de Banquillo de Oro en 1996. En diciembre de 1996 fue Seleccionador absoluto en vista del Mundial de 1998, dejando el cargo tras ser eliminados en cuartos de final, en penalties, frente a Francia que al final serían los campeones del mundo.

El 2 de febrero de 1999 asumió el cargo de jefe y coordinaador de los ojeadores del Milan. El 14 de marzo de 2001 se sentó de manera temporal en el banquillo del primer equipo como director técnico, estando a su lado Mauro Tassotti, sustituyendo al despedido Alberto Zaccheroni: en sus tres meses al cargo, fue relevante la histórica victoria ante el Inter el 11 de mayo. El 17 de junio, tras acabar la temporada en sexto puesto, regresó a su puesto de dirigente, sustituyéndole en el banquillo Fatih Terim, pero el 19 de junio fue asignado como consejero técnico del entrenador turco.

El 27 de diciembre fue el comisario técnico de Paraguay en vista del Mundial de 2002 en Corea del Sur y Japón. Consiguió clasificar a la Selección sudamericana a la fase final del Mundial, siendo el entrenador más veterano del torneo con setenta años (récord batido en 2010 por Otto Rehhagel), llegando a dimitir el 15 de junio 2002, tras la derrota ante Alemania en octavos de final. En 2012 llegó a trabajar de cronista deportivo para Al Jazzera Sports junto a Alessandro Altobelli.

Soy demasiado joven como para haberle visto jugar en un estadio o por televisión, pero si de algo estamos seguros es que gracias a su tremendo amor por los colores rossoneros durante toda su vida, dudo que alguien como Paolo Maldini consiguiera debutar a la edad de 16 años y convertirse en el mejor defensa del mundo, llegando a levantar una Champions en Inglaterra exactamente igual que hizo su padre: “Paolo siempre quiso ser futbolista. Recuerdo que en casa siempre buscaba una pelota y cuando volvía del colegio deseaba acabar pronto las tareas para irse a echar un partido con sus amigos. Yo me di cuenta enseguida de que iba a ser un gran futbolista, pero me quedé callado porque no quería crearle problemas”.

“No quería que la gente pensara que era un enchufado. Recuerdo que mi hija un día durante un partidillo le hizo una foto. La tengo guardada todavía porque fue como un flechazo. El gesto atlético era ya de un jugador veterano y tenía tan solo 11 años. Lo hice debutar en la sub-21 cuando solo tenía 18 años. Era pronto, pero lo intenté. Coincidimos otra vez en la selección en el Mundial de Francia. Hablaba mucho con todos los jugadores, pero con Paolo muy poco, ya lo conocía lo suficiente. No le di todo lo que se merecía porque tenía miedo a que la gente pensara a que lo había enchufado. A él solo le preocupaba una cosa: en el campo no sabía si llamarme míster o papá”, contó en 2007 justo cuando su hijo Paolo iba a disputar la octava final de Champions.

Si ayer todo el Camp Nou le daba las gracias a Johan Cruijff, es justo y necesario que nosotros y el fútbol mundial hagamos lo propio por una persona que vio el fútbol en una época totalmente diferente a la actual, sin tanta presencia mediática pero que entró en la historia del club y de sus hinchas por la puerta grande, no únicamente por sus trofeos conquistados, sino por ganárselos por su humildad y sencillez, algo transmitido a toda su familia, un día triste para todo el Milan

GRACIAS CESARE MALDINI

R.I.P. (1932-2016)

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Categoría(s): Multimedia, Recordando a...
Publicado: 12/04/15

Dinastia Maldini: Misión Cumplida

Aquí os dejo el programa completo de 57 minutos emitido hace un rato por Sky Italia sobre la dinastía Maldini, está totalmente en italiano sin subtítulos pero merece la pena verlo y los más veteranos que seguimos al Milan (como un servidor) seguro que echarán alguna lágrima al recordar los buenos momentos del Milan y los más nuevos podrán conocer mejor la historia de nuestro club, sea como fuere, todos deben verlo

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Categoría(s): Opinión de los cronistas, Recordando a...
Publicado: 31/10/14

Marco Van Basten cumple 50 años

1 – El gol a la URSS en el Europeo de 1988. Maradona que pasa en medio de los ingleses sigue siendo lo máximo, pero un balón jamás fue rematado tan bien

2 – Más que tener elegancia, ERA la elegancia. Una danza clásica con el balón

3 – Se fue demasiado pronto como Best y Cruijff, se perdió importantes años como Michael Jordan. Eso contribuye a la mítica dimensión

4 – Jamás encontrarás a un juventino o interista que lo criticara seriamente: Van Basten era respetado, admirado en todas partes. Se despidió de San Siro en un Trofeo Berlusconi: era Milan-Juve pero todos aplaudían

5 – Da un sentido a la predestinación. Debut entre los profesionales con la sustitución más famosa de siempre: fuera Cruijff, dentro Van Basten

6 – Era un producto único, original: los dos-tres jugadores más fuertes del mundo no eran jamás tan altos (casi 1,90 m)

7 – Ibra se le parece, pero ningún delantero fue máximo goleador, hombre de asistencias y decisivo a todos los niveles como él

8 – La chilena contra el Goteborg, en esa noche de los 4 goles en Champions. Y también 4 al Vitocha, que ya nadie recuerda

9 – La chilena contra el Den Haag, que Marco sigue considerando la mejor. Youtube te quita la duda en 20 segundos: tenía razón

10 – Marcó 124 goles en 85 partidos con el Milan

11 – En esos 85 partidos, el Milan jamás perdió. Nunca. Si hubiera un partido por la estadística más impresionante de siempre, esta ganaría de lejos

12 – Fue el primero en ganar tres Balones de Oro. Dos los regaló

13 – Lo ganó todo. En la rueda de prensa de despedida, Galliani se sacó un folio para leer todo lo que ganó Marco. No paraba de hablar

14 – Recibió palos de todos. Pasquale Bruno, Ferri, Nela, Galia, Koehler. Esos sí que paraban, no los defensores

15 – Tenía golpes de clase incluso fuera del campo. Cuando ganó la primera Copa de Campeones, salió del vestuario en bata con una pregunta para los periodistas. “¿Tienen un peine?”

16 – Marcaba los goles más importantes. La Copa de Campeones de 1989 y sobre todo la final de Barcelona, pero el Milan arriesgó mucho ante la Estrella Roja y el Werder Bremen. ¿Quién marcó los dos goles decisivos en el partido de vuelta?

17 – Era un maestro de literatura. Inspiraba metáforas a los chicos de la Curva. Pancartas leídas en el día de su retiro: “San Siro sin ti es como un halcón sin alas”.

18 – Era un poco agente inmobiliario. En cuanto llegó al Milan, tomó la casa dejada por Ray Wilkins. Habitación modificada en cinco minutos

19 – Era un poco explorador. En 1972, con ocho años, estaba de vacaciones en Verona y se perdió por los caminos. Encontró el coche de la familia cuando el padre ya había llamado a la policía

20 – Tiene ese aspecto de noble, pero salió de la nada. Cuando el Milan lo presentó, la Gazzetta apenas le dedicó un artículo. Mucho más grande, se presentaba el fichaje del Inter: Scifo.

21 – Porque tres goles a Inglaterra en un Europeo no se hacen a no ser que seas un mito

22 – Tenía una extraña fascinación. Cuando se despidió de San Siro, tenía una camisa rosa y chaqueta de piel. No se sabe el por qué, pero esa chaqueta todo el mundo se acuerda

23 – Desenmascaraba a los que engañaban. El mago del que andaba Liedholm en 1987 vaticinó: “Este en Italia será el top”

24 – Decidió una final de la Intercontinental sin marcar: Milan-Olimpia, 3-0, doble de Rijkaard y Stroppa. Para todos los diarios, MVB el mejor en el campo

25 – Marcó de todas las maneras posibles. Incluso de falta, ante el Bari

26 – Es el símbolo de otro fútbol. Liesbeth, su novia y mujer, trabajaba en una cafetería de Amsterdam y se entrenaba en preparar los espaguetti en vista de su traspaso a Italia

27 – Forma parte del trío Gullit-Van Basten-Rijkaard, una época de tres nombres

28 – La noche de su retiro, Italia 1 puso un vídeo con sus goles: 30% de share. Intenten eso con Cristiano Ronaldo a ver qué ocurre

29 – El hombre era un lunático pero especial. Jugaba al bridge y al cricket, sonaba como Steinway, estudiaba el tenis. Pregúntele a Messi qué pasiones tiene fuera del fútbol

30 – Era generoso. Le dio un puesto en la historia a Olde Riekerink, figurante del Sparta de Rotterdam, Dordrecht y Telstar. Es el señor que le arruinó en primer lugar la pierna

31 – Gusta también a aquellos que leen La Gazzetta desde la última página. Juega bien al golf y hacía los 100 metros en menos de 11 segundos

32 – Podría haber sido una estrella en otros deportes. Para Pincolini hubiera sido un atleta formidable. Una vez lo midió con la bicicleta estática: subía con puntas de 550 vatios, dos escalones por encima del resto

33 – El autogol de Buyo en el Real Madrid-Milan, nacido por un remate de cabeza desde el límite. Dificultad de 3.2, solo 10 para los jueces

34 – Cuando se retiró, hizo llorar tanto a Sacchi como a Capello. Dos que no son precisamente fáciles

35 – Cuando llegó a Italia, dijo: “Siempre he soñado con jugar en el Milan”. Pero en casa tenía la 8 rossonera de Incocciati

36 – Como entrenador no ha hecho gran cosa, pero en el Europeo 2008 dominó a Italia y solo perdió con la mejor Rusia del siglo, en una jornada surrealista

37 – Los campeones de su generación siempre lo consideran el número 1. En el campo siempre se nota quien es el mejor

38 – Se casó con las muletas (Y Liesbeth era un espectáculo)

39 – Dejó un grotesco gesto protegido por el copyright. El penalty dando saltos

40 – Es el ídolo de los chicos que jamás le han visto jugar, como Zaza

41 – Voetbal International, histórico diario holandés, le dedica la próxima portada. Y vende

42 – Porque siempre ha sido un poco como nosotros

43 – Marcó 37 goles en la Eredivisie (Liga Holandesa)

44 – Esos 37 goles los marcó en 26 partidos

45 – Lo dejó cuando la Liga introdujo los números fijos. Se es número 9 aunque no te pongan el apellido en la camiseta

46 – Se presentó en Milan con un Lancia Turbo y un Fiat Uno. Se quedó con el Spider

47 – Tuvo el coraje de decir basta por el estrés, porque la vida está hecha de prioridades

48 – La asistencia para Rijkaard en el Milan-Benfica, la final de 1990. Si sirve un toque, ¿para qué hacer dos?

49 – Maradona estaba por encima, pero un día dijo: “Marco se hizo daño cuando estaba por ser el mejor de todos”

50 – Quería jugar el Mundial de 1994, con 10 minutos de autonomía. El Milan se opuso escandalizado (y tenían razón) pero el mensaje permaneció: el fútbol se ama sin tener misuras

SU DESPEDIDA EN SAN SIRO

SU DESPEDIDA EN LA GAZZETTA

“He decidido que ahora es mejor lavar los dientes”. Así, el 18 de agosto de 1995, La Gazzetta comentó la rueda de prensa de despedida de Van Basten. El artículo fue firmado por Germano Boloventa, el más genial y refinado cantor de la epopeya Sacchiana y de la gesta del Cisne de Utrecht. Lo saben, lo sabían. Pero todos tenían el nudo en la garganta. Galliani y Braida inmóviles, parecían de yeso. Uno a cada lado. Y debajo de las copas que brillan y ahí estaba, el Cisne de Utrecht, bello y triste, un hilo de color, una camiseta marinera.

18:00 de la tarde: Marco Van Basten deja el fútbol. Via Turati es un horno. Marco sonríe. Luego hace una señal: “Tengo una corta noticia: he decidido dejar de ser futbolista”. Abandona el fútbol, uno de los más grandes de todos los tiempos. Van Basten se esconde: “¿Ustedes dicen que soy un grande? Sé que he estado en un gran equipo. He disputado malos partidos, he fallado goles clamorosos”. Pocas bromas, Marco.

Van Basten en un hilo de voz: “Cuando Martens me dijo que no podía seguir adelante, decidí: mejor quitarse enseguida el diente”. Así lo llamaba: el diente. Esta noche para despedirse de San Siro. Verá a Weah, el hombre al que le dejó el 9. Pero la gente cantará y llorará por él. “MarcoVanBasten, es solo MarcoVanBasten”.

SU HISTORIA

LAS PALABRAS DE ARRIGO SACCHI

Felicidades a un grandísimo jugador y un gran entendedor de fútbol. Le pregunté a él sobre Sneijder y Robben para el Real Madrid. Me hacía enfadar. Le decía que era meteropático (sensible al tiempo), me preguntaba qué quería decir. Pero no lo habría cambiado por nadie. Hace algunos años, para los 20 años de la era Berlusconi, me dijo: “Ahora saben cuantos problemas he creado” Y yo: “Si te sirve de consuelo, me has resuelto muchos”.

Tenía un bizarro carácter pero un gran talento. Jugaba con el equipo y para el equipo, caso raro entre los talentos. Al inicio pensaba que teníamos a un incompetente: si tenía mal un diente se iba a Holanda. Le dije: “Nosotros éramos Campeones del Mundo cuando vosotros todavía estabais debajo del agua”. Sería un gran entrenador: en el banquillo hace un fútbol muy similar al mío. La famosa frase: “O Van Basten o yo” jamás la dije.

Me marché porque el estrés me estaba matando y no quería dejarme la piel. El primer año Marco dijo algo crítico sobre mí y en los diarios salió “Van Basten contra Sacchi”. La semana siguiente jugábamos en Cesena. No le dije nada y lo mandé al banquillo: “Viendo que sabes tanto de fútbol, vente al banquillo conmigo”.

MI OPINIÓN (SMOJE)

Teniendo en cuenta que empecé a seguir al Milan de manera estable en verano de 1993 (en ese Trofeo Oviedo junto con el FC Barcelona), no tengo muchos recuerdos de Marco Van Basten en una época donde Internet era una total utopía, era muy complicado el seguir otros campeonatos excepto en los diarios deportivos, pero quien ama este club por fuerza debe recorrer todo su pasado, y es imposible no querer a Marco ni darle toda la importancia de lo que hoy es el Milan gracias a él y a la época dorada de Berlusconi de finales de la década de los 80.

Mi infancia la pasé siendo hincha del Real Madrid al igual que toda mi familia, pero recuerdo que el 19 de abril de 1989, en ese famoso y recordado 5-0 del Milan al conjunto blanco, Van Basten y todo el conjunto milanista dieron tal repaso que algo se activó en mi mente de manera quizás un tanto inconsciente (tenía 10 años recién cumplidos), si hoy soy milanista es gracias a gente como Van Basten, Ancelotti, Maldini, Baresi, Papin, Costacurta… y tantos otros.

Como digo no viví esa época tal y como podemos vivirla ahora gracias a la evolución de la tecnología, pero es inevitable el conmocionarse recordando esos momentos, de jugadores que han hecho historia en el club y que por culpa de una lesión, nunca sabremos hasta donde podría haber llegado Van Basten, justo cuando empecé a seguirles ya era demasiado tarde: una lástima pero gracias Marco por todo lo que conseguiste en el Milan y felicidades por esos 50 años.

Fuente: La Gazzetta dello Sport

Categoría(s): Recordando a...
Publicado: 25/09/14

Recordando a… Alessandro Costacurta.

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Esta ocasión toca recordar a un pilar fundamental dentro de una de las defensas más fuertes en la historia (si no es que la más), hablamos de “Billy” Costacurta, apodado así por su altura y gusto por el basquetbol.

Nacido al norte de Italia, en la Provincia de Varese, y desde las juveniles unido a los colores rossoneros. Para la temporada 86-87 y con Nils Liedholm como DT del Milan es cedido a un equipo de la Serie C, el Monza, esa temporada disputaría todos los partidos posibles y a la salida de Liedholm y llegada de Fabio Capello, y posteriormente de Arrigo Sacchi esa misma temporada es que se decide porque Billy debutará con el primer equipo para la temporada 87-88 siendo la temporada donde ganaría su primer Scudetto, aunque teniendo tan sólo 7 presencias en Serie A al ser suplente de Filippo Galli.

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Bastó tan sólo un año para hacerse con la titularidad, debido a sus buenas prestaciones. En las temporadas 88-89 y 89-90 vendrían acompañadas de bastantes títulos puesto que el Milan esos años se haría con la Champions, la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental de ambas temporadas, siendo titular en 7 de esas ocho finales (la Supercopa se jugaba a dos partidos esos años).

También sería en la temporada 89-90 donde veríamos el primer gol (de tres) de Costacurta como rossonero, este caería en un Derby della Madonnina aunque de poco serviría pues el partido terminaría 3-1 a favor del acérrimo rival.

Para 1991 llegaría Capello al mando del Milan, donde Billy viviría la considerada como mejor etapa de su carrera pues ganarían tres Scudettos consecutivos 91-92, 92-93 y 93-94, siendo uno de ellos la temporada invicta (91-92) y la temporada de 93-94 permitiendo sólo 15 goles en contra del Milan.

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También para la 93-94 le ganarían Champions por 4-0 al Barcelona de Cruyff aunque Billy no podría participar en  esta final debido a que en la semifinal contra el Mónaco expulsada. Curioso que ese mismo año se perdería la final de la Copa del Mundo de 1994 por sanción también.

Billy volvería a ganar el Scudetto en última temporada de la primera etapa de Capello al frente del Milan (95-96) y de ahí vendría una época difícil para el rossonero debido a el adiós de Fabio y de algunos jugadores clave como Tassotti y Baresi y no sería sino hasta la temporada 98-99 que volvería a ganar la liga, esta vez bajo la dirección de Alberto Zaccheroni, contando ya con 33 años.

Pasarían casi 10 años para que volviera a ganar una Champions, siendo titular de nuevo (con 37 años) y esta vez venciendo a la Juve, en la temporada 2002-2003. Esta sería su última Champions que levantaría, pues la del 2007 se le cuenta por haber participado en el torneo pero se retiró antes de la final. Al año siguiente Billy ganaría su último Scudetto y Supercoppa de Italia y empezaría a ver como por su edad dejaba la titularidad de lado.

ALESSANDRO COSTACURTA - 2006-2007

Como ya había dicho, Costacurta participaría en la Champions del 2006-2007 pero se retiraría el 19 de mayo del 2007 (casi una semana antes de la final) en un partido vs Udinese que terminaría 2-3 con victoria para los de Friuli siendo Costacurta el autor de 2-1 para los rossoneros por la vía de los 11 pasos, habiendo pasado 15 años de su último gol con el Milan, ese día Billy se convertiría en el jugador más veterano (sin ser portero) en disputar un partido de Serie A y a su vez en ser el más veterano en anotar un gol en la Seria A.

Billy-Costacurta

Así es como recordamos a Billy Costacurta, un defensa que a pesar de tener sólo 3 goles en su carrera cuenta con 7 ligas, una Coppa de Italia, 5 Supercoppas de Italia, 5 Champions, 4 Supercoppas de Europa y dos Copas Intercontinentales y que con los colores rossoneros sólo es superado en presencias por las dos máximas leyendas del club, Baresi y Maldini.

Categoría(s): Recordando a...
Publicado: 05/09/14

Recordando a…

Qué tal, hoy me presentó con mi primer artículo en la web.

Llevo poco más de 4 años siguiendo la página y después de saber que las noticias que se encontraban en el servidor anterior no serían recuperadas ofrecí a Smoje ayudar con trabajos alternativos para que la web poco a poco se fuese haciendo más grande, y escogí regresar la sección de “Recordando a…”, cada semana tendrán uno o dos post de esta sección. Sin más, vamos con lo nuestro.

Decidí dedicar el primer post a nuestro Golden Boy, el primer balón de oro nacido en Italia y rossonero.

Giovanni ’Gianni’ Rivera nace un 18 de agosto de 1943 en Alessandria, al norte del país. Siendo formado en las juveniles del club de la ciudad hace su debut en Serie A el 2 de junio de 1959 con tan solo la edad de 15 años, en un partido contra el Inter que terminó tablas a un gol.

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Al año siguiente el Milan decía adiós a un jugador clave de esa entonces como era Juan Schiaffino y debía encontrar un refuerzo sólido, por eso contrataría a Gianni por 90 millones de liras italianas (algo así como 152 mil euros), una cifra récord para aquel entonces.

En 1962 gana su primer Scudetto con el rossonero apenas con 18 años y debuta con la azzurra en el mundial de Chile, en el partido contra la selección anfitriona. Gracias al Scudetto el Milan tenía la oportunidad de disputar la Copa de Europa de 1963 misma que ganaría al Benfica de Eusébio por marcador de 2-1, poniendo el primer trofeo europeo  en vitrinas.

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La gran actuación de Rivera durante la Copa lo haría acreedor, ese mismo año, a su primera nominación al Balón de Oro pero quedando en segundo lugar sólo por detrás del portero soviético Lev Yashin.

Pasarían 4 años hasta que Gianni pudiera ganar otro título, en 1967 Milan ganaba la Coppa al Padova por 1-0. En aquellos años ganar la Copa domestica te daba acceso a participar en la Recopa de Europa.

En 1968 vendría quizá el mejor año en la carrera de Rivera, ganando el Scudetto, la Recopa de Europa y la Eurocopa que se llevó a cabo en Italia, aunque Gianni se perdería la final (jugada a dos partidos) por lesión. Todo esto seguiría siendo insuficiente para que pudiera hacerse con el Balón de Oro ya que en ese año quedaría en noveno lugar de las votaciones.

En 1969 Gianni ayudaría al Milan a ganar su segunda Copa de Europa, esta vez al Ajax de Cruyff por un contundente marcador de 4-1. Con esto, ese mismo año, terminaría primero en las votaciones para Balón de Oro, por encima de jugadores del calibre de Gerd Müller, George Best, Luigi Riva y Johan Cruyff.

riverapalloeoro1969

Al año siguiente participaría en el primer Mundial de México, donde Ferruccio Valcareggi, DT de la selección italiana, prefería a Mazzola en el lugar de Rivera, pero a medida que el torneo fue avanzando Ferruccio hacía que Mazzola jugará los primeros tiempos y Rivera los segundos, valiéndole esto para anotar el tercer gol en la victoria 4-1 sobre México y anotando el gol del gane en el 4-3 del “partido del siglo”, Italia vs Alemania Federal.  El único partido donde Valcareggi falló a su cambio fue en la final que perdería contra Brasil, donde Rivera entraría hasta el minuto 84’ cuando ya el partido estaba decantado hacía los sudamericanos.

RIVERA, GIANNI 1974

Gianni Rivera ganó tres Coppas más (72’, 73’ y 77’) ganando también la Recopa de Europa del 1973, siendo su último título internacional. Se retira en el año de 1979, ganando un Scudetto más para el rossonero.

Por ser nuestro primer Balón de Oro, parte de la escuadra de la primera Copa de Europa y capitán en la segunda, es por esto y otras cosas más que hoy recordamos a Gianni Rivera.

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7 Jack Bonaventura 3
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9 Manuel Locatelli 2
10 Gabriel Paletta 2
11 Andrea Bertolacci 1
12 Mati Fernandez 1
13 Alessio Romagnoli 1
14 Cristian Zapata 1
15 Keisuke Honda 1

Copa Italia

Pos Jugador Goles
1 Juraj Kucka 1
1 Giacomo Bonaventura 1
1 Carlos Bacca 1
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